La Torre de Pisa, o más comúnmente la "Torre Inclinada", no sólo es hermosa a la vista, también es un pedazo de historia que cuenta una historia de ingeniería, errores y soluciones encontradas a lo largo de los siglos. Su inclinación es famosa en todo el mundo, pero poca gente sabe que se empezó a construir en 1173 y que, en los primeros años, los constructores se dieron cuenta de que algo iba mal: el suelo cedía y la Torre empezaba a inclinarse.
Aun así, los constructores siguieron trabajando en ella durante más de doscientos años, con pausas y ralentizaciones, hasta que finalmente se terminó. Hoy en día, visitar la Torre no es tan sencillo como llegar y ponerse a la cola: hay que reservar una entrada, preferiblemente por Internet. En temporada alta, si no se tiene reserva, se corre el riesgo de admirarla sólo desde fuera. La entrada es por grupos, y se dispone de un tiempo limitado -alrededor de media hora- para subir los 251 escalones y volver a bajar. No hay ascensor, y la subida no es fácil para todo el mundo: los niños menores de ocho años no pueden entrar, y las personas con problemas de movilidad deberían pensárselo dos veces antes de visitarla.
Pero el esfuerzo se ve recompensado, porque una vez arriba, la vista es realmente especial: se puede ver toda la plaza con la Catedral y el Baptisterio desde una perspectiva única, y si hace sol, incluso las colinas toscanas a lo lejos. Durante la subida, uno se da cuenta de lo real que es la inclinación, ya que los propios escalones parecen inclinados y la sensación es un poco extraña, casi como caminar sobre un barco que se balancea.
Lo mejor es llegar un poco antes de la hora indicada en el billete para evitar el estrés y tener tiempo suficiente para los controles de seguridad, necesarios pero bastante rápidos. La Torre está abierta todo el año, pero los horarios cambian: en verano, incluso se puede subir por la noche, lo que hace que la experiencia sea aún más mágica, mientras que en invierno cierra antes. Es muy fácil llegar al lugar, ya sea a pie desde el centro de la ciudad o en transporte público. Merece la pena visitar toda la zona de la Piazza dei Miracoli, así que considere la posibilidad de adquirir una entrada combinada para la Catedral, el Museo de la Ópera del Duomo o el Baptisterio.
La zona es peatonal, con bares y lugares para relajarse. En resumen, no es una visita para hacer con prisas, sino para saborear a su ritmo. Recuerde que la Torre es ahora estable, gracias a las restauraciones y la vigilancia constante, pero sigue siendo un monumento que cuenta la historia de un "defecto" transformado en belleza y misterio.